Amistad

Las Buenas Compañías

Rodearse de buenos amigos ha sido, es y será siempre un ingrediente básico para llegar a alcanzar una vida lograda.

Las buenas compañías (los buenos amigos), además de ser imprescindibles para el buen desenvolvimiento de la personalidad del individuo, son fuente de muchas alegrías y de felicidad.

El hombre es un ser relacional. No está hecho para estar solo. Necesita del otro para vivir. Las personas necesitan de otras para aprender a reconocerse a sí mismas, comportarse conforme a lo que son, desarrollar su vida con normalidad y alcanzar así su plenitud e integración en la sociedad.

La soledad, cuando no es buscada y enriquecida con una profunda vida interior, no es sólo antinatural, sino que conlleva la frustración radical de la persona. No hay yo sin tú. Los robinsones son personajes que sólo se dan en el cine y en las novelas de ficción. Sin las relaciones interpersonales el ser humano quedaría radicalmente incompleto.

«Ningún bien –decía Sénecase disfruta plenamente si no es en compañía».

El hombre está diseñado, programado, para convivir. Los otros están siempre ahí, presentes, y no podemos prescindir de ellos ni rehuirlos; menos aún vivir de espaldas a sus necesidades y requerimientos, ya que forman parte de la sociedad. Hay que tomar en serio a todo el mundo. Son personas como nosotros, dignos, por tanto, de consideración y respeto. El trato con los demás, sin embargo, puede darse a distintos niveles: desde el ocasional, superficial e incluso distante, al cercano, íntimo y afectuoso. No son iguales las relaciones entre marido y mujer, padres e hijos, vecinos o compañeros de trabajo que el trato limpio y desinteresado que se mantiene con un amigo.

La amistad –la verdadera amistad, se entiende- es un don. Uno de los dones más excelentes de la vida humana, un auténtico regalo. Y así le oímos decir a Sócrates: «Preferiría un amigo a todos los tesoros de Darío». Y a San Agustín llamar a su amigo «la mitad de mi alma», «alter ego», «otro yo». En la Biblia se lee «El amigo fiel es como un refugio seguro, el que encuentra uno ha encontrado un tesoro. El amigo fiel no tiene precio, ni se puede medir su valor».

Las Buenas CompañíasAmistad no es lo mismo que camaradería. Es algo más que la simpatía que surge entre las personas por coincidir o compartir una tarea o tener el mismo horario de trabajo. Es un afecto más profundo, que nace de la coincidencia de gustos, ideas, intereses y proyectos que desembocan en un aprecio y confianza mutuos y que facilitan una mayor intimidad. Se puede y se debe ser buen compañero de todos, pero lo que se llama verdadera amistad no se tiene con todo el mundo, ya que ésta exige tener puntos en común y una gran confianza y aprecio mutuos.

La verdadera amistad, por lo demás, está por encima de las múltiples y azarosas vicisitudes que surgen en la vida. La amistad no se funda en la convergencia perfecta, no consiste en repetir o en sentirse repetido, sino en una necesidad de compañía. Cuando esa necesidad se experimenta, cuando la ausencia se percibe como carencia, la amistad está bien fundada y puede afrontar tanto los riesgos de desacuerdo como los de coincidencia. El amigo entiende, disculpa, corrige, se da y ayuda al amigo a realizar «su mejor yo».

La calidad y la riqueza de una persona depende, en gran medida, de la calidad y riqueza humanas de sus amistades. En cierto modo, una persona es lo que son sus amigos. «Dime con quién andas y te diré quién eres». «Quién anda con sabios, sabio se hará, y quién trata con necios, peor se hará» (Pro13-20). Y el famoso escritor y novelista Mark Twain afirmaba: -«Mantente lejos de las personas que intentan limitar tus ambiciones. Eso es propio de mediocres: los verdaderamente grandes hacen que sientas que tu también puedes ser sobresaliente».

La compañía de buenos amigos da sentido a nuestra existencia. Es por eso comprensible que todos deseemos tenerlos. ¿Cómo conseguir buenos amigos? De entrada, es necesario interesarse en tratar a los demás y ser tratable. «Si quieres hallar en cualquier parte amistad, dulzura y poesía, llévala contigo» (George Duhamel). Con las personas hurañas o que rehuyen el trato es prácticamente imposible mantener el diálogo. La educación y el detalle con los demás, el interesarse por sus cosas, allana las asperezas y puede ser el inicio de una amistad duradera. Y, luego, nuestro principal objetivo habría de ser relacionarnos con gente buena. Dice un adagio oriental que «el camino es bueno, si el amigo es bueno». Y Aristóteles afirmaba que la verdadera amistad se da solamente entre las personas buenas, ya que entre gente corrompida sólo caben acuerdos movidos por el interés.

La amistad no se puede forzar. Tampoco puede hacerse con cualquiera y requiere un ámbito propicio. No se puede tratar con plena confianza e intimidad con el primero con que uno se tope, con quién no nos cae bien o está a años luz de nuestro modo de ver las cosas. «Amigo de todos y de ninguno, todo es uno», reza el refrán castellano. La amistad es selectiva por naturaleza. Conocer y apreciar a las personas: sus cualidades, sus habilidades requiere su tiempo. El ámbito normal para hacer amistades es aquel en el que realizamos nuestra vida familiar y social, en el que se dan ocasiones de descubrir afinidades y llegar a apreciar cómo es la gente: el trabajo, las relaciones sociales, la vecindad, el ocio.

Rodearse de buenos amigos, como todo lo que merece la pena, exige esfuerzo. Perderlos, sin embargo, es fácil. Las verdaderas amistades nacen para ser eternas: «Las amistades deben ser inmortales y las enemistades mortales», dice Tito Livio. Aristóteles, sin embargo, advertía que la amistad se puede perder, cuando se pierde el trato o la virtud. La amistad desaparece cuando la admiración y respeto por el amigo se ausentan. También se puede perder por dejadez y falta de atenciones. «Si tienes un amigo, visítalo con frecuencia, pues las malas hierbas y las espinas invaden el camino por donde nadie pasa» (adagio árabe).

La amistad (la verdadera, se entiende), es un don, un regalo, a veces fortuito e inmerecido, que hay que cultivar y trabajar, si queremos alcanzar una vida lograda. Es, asimismo, solaz y refugio en las múltiples y azarosas dificultades de la vida y fuente de muchas alegrías y felicidad.

Ya lo afirmaba Dante: «No podemos alcanzar una vida perfecta sin amigos».

1 comentario
  1. Carmen
    Carmen Dice:

    Gracias por este post. A veces vamos tan rápido por el camino, que nos dejamos llevar por la locura de las relaciones sociales y dejamos desatendidos a los amigos de verdad. Me habéis animado a hablar con mi hija de la amistad.

    Responder

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