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Hábito y Costumbre

El hombre es un animal de hábitos y costumbres.

El carácter de las personas, de hecho, está formado por una serie de hábitos de conducta, de costumbres y modos de reaccionar que tienen su base en un conjunto de elementos biológicos, psicológicos, culturales y ambientales, así como en la educación que ellas han ido recibiendo desde su infancia.

Hábito y costumbre se confunden, de ordinario, y se vienen usando indistintamente. Prueba de ello es que ni el diccionario de la Real Academia Española, ni el diccionario de Uso del Español de María Moliner distinguen claramente ambos términos. De todos modos, si bien el hábito puede llegar a hacerse costumbre, y, con frecuencia, tanto uno como otro se emplean como sinónimos, hábito y costumbre no tienen el mismo significado.

Mientras que costumbre hace referencia a las prácticas más generalmente admitidas por un grupo social y se remiten a la tradición, usos y modas en boga, el hábito se define como una manera de ser permanente, adquirida mediante la repetición de actos. Las costumbres son expresiones, gestos, ceremonias, ritos, etc., repetidos muchas veces, que sirven de apoyo y seguridad a la vida humana; el hábito, en cambio, llamado también segunda naturaleza, es el modo de ser adquirido por el imperio de la voluntad a través del ejercicio deliberado, repetido y consciente de actos humanos. A los hábitos, cuando son buenos, se les denomina «virtudes», y, cuando son malos, «vicios».

Las costumbres tienen una gran importancia en la vida humana. Las costumbres influyen poderosamente en el comportamiento de las personas, articulan la vida social y facilitan, en gran medida, la convivencia. Las costumbres, al fin y al cabo, son el modo personal o común de vivir el ritmo cíclico de la vida humana. La cotidianidad y el hogar están hechos de costumbres. Su rutina es seguridad y descanso.

Si las costumbres son fundamentales para lograr la paz y la armonía social, los hábitos constituyen el instrumento preciso que necesita el ser humano para realizarse como persona. Somos lo que hacemos. El hombre resulta siempre afectado por sus propias acciones. Cualquier acción que se realiza repercute sobre el individuo que la ejecuta bien para mejorarlo o bien para empeorarlo. «La vida -decía Julián Marías- es el tiempo en que el hombre se elige a sí mismo, no lo que es, sino quien es, en que inventa y decide quién quiere ser». Llegar a ser humano del todo es siempre un arte. La vida es tarea y proceso de ajustamiento, gracias a la obtención de unos hábitos (si buenos, virtudes; si malos, vicios), los cuales surgen de la repetición de los actos. «Cada buen hábito adquirido -son palabras de Carlos Díaz- es una libertad conquistada».

Admitámoslo. Adquirir buenos hábitos no es fácil. La adquisición de buenos hábitos es una operación que exige esfuerzo, talento e imaginación, pero todo bien es arduo A nadie que piense, pues, con sensatez se le oculta que la búsqueda de lo mejor de uno mismo, de su propia singularidad, cuesta. Esa lucha, sin embargo, es la única senda para alcanzar una vida lograda.

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