Amor y Enamoramiento

Amor y Enamoramiento

El amor y el enamoramiento son dos sentimientos humanos que, los adolescentes, los jóvenes y los que no somos tan jóvenes, solemos confundir con frecuencia.

Identificar amor y enamoramiento no es nada bueno y, como todo error, trae consigo malas consecuencias. A mi entender, muchos de los desengaños, desavenencias, conflictos de pareja, y, lo que es más grave, las rupturas conyugales tienen su raíz en este tipo de ofuscamiento.

Enamoramiento y amor, ciertamente, son dos sentimientos muy semejantes, correlativos casi, y difíciles de distinguir, pero de distinta naturaleza. El enamoramiento es, por regla general, un sentimiento casi irracional, espontáneo, que se queda, habitualmente, en el cuerpo, mientras que el amor va más allá, trasciende a la persona.

Amor y enamoramientoEl enamoramiento es la primera atracción, que puede llegar a comprometer, a veces, la entera afectividad, pero que resulta, en cualquier caso, totalmente independiente de nuestra voluntad. El enamoramiento, si bien suele ser, en gran medida lo es, la antesala del amor, simplemente acontece… y ya está. El amor, en cambio, es un sentimiento que no se agota en ser solamente eso. El amor supera al enamoramiento y compromete la dimensión más profunda de nuestro ser. No hace sólo referencia a los sentidos, a la emoción, al instinto, sino que afecta a la inteligencia y a la voluntad: el núcleo más íntimo de la persona.

Que el amor no sea sólo sentimiento lo demuestran los hechos: en las primeras fases del conocimiento recíproco (o fase del enamoramiento) tanto uno como otro, embargados por la dicha, no sólo no llegan a conocerse bien, sino que se esfuerzan por ocultar sus defectos, para así resultar más atrayentes. Puro sentimiento, al fin y al cabo. Cuando, más adelante, en el trato del día a día cada uno se manifiesta tal cual verdaderamente es, es decir, con sus facetas positivas y negativas, la atracción física, el sentimiento se pone a prueba. Si ese «amor» es sólo sentimiento corre el peligro de extinguirse. Tal sentimiento nacido sin más con la presencia del otro, y mantenido sin su adecuado esfuerzo continuo, fracasa tras chocar con la ruda realidad de los defectos del otro.

En el amor verdadero, sin embargo, entran en juego tanto la inteligencia como la voluntad, para que aquel sentimiento inicial no decaiga. El amor, el verdadero, es producto de una elección consciente y libre y, por tanto, auténticamente humana, en la que la voluntad alimenta al sentimiento y el sentimiento, a su vez, revigoriza la voluntad. El amor entonces es entrega mutua, es dedicación, y a diferencia del enamoramiento, se guía siempre por la propia racionalidad y no sólo por los sentidos, la emoción y el instinto.

El período preparatorio, pues, que hasta no hace mucho tiempo se llamaba noviazgo, tiene precisamente la finalidad de que uno y otro se traten, se conozcan, a fin de llegar a alcanzar una relación sólida entre los dos. De ahí que ese tiempo de las relaciones entre la chica y el chico más que un período dorado y de ensueño, deba convertirse en un tiempo de descubrimiento mutuo, una escuela, una ocasión ideal para fraguar un proyecto de vida con futuro. Sólo un recorrido así y a la par conducirá a los dos jóvenes a madurar la irresistible necesidad de contraer un compromiso recíproco y duradero.

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